Los hospitales son centros de salud pública, que son sustentados por el Estado ( a través de políticas del gobierno) y para los que van destinados recursos, que al parecer, se hacen insuficientes, por lo que la calidad y la disponibilidad de materiales que se necesitan para la atención al paciente es derechamente mediocre y miserable. Al ser un servicio gratuito, el sector menos adinerado debe (ya que es su única opción) acceder a esta, a pesar de que sea un pésimo servicio y con una atención y tecnología que dejan mucho que desear.
Por otra parte, tenemos la realidad bastante disímil reflejadas en las llamadas Clínicas, (que en el fondo son hospitales privados), donde todos sus ingresos provienen desde quien requiera el servicio y que superan con creces la calidad y eficiencia de los hospitales públicos.Dentro de las mismas Clínicas también esta “dividida” la calidad, por ejemplo, la clínica Dávila (http://www.davila.cl) ubicada en Recoleta (en uno de los sectores catalogados como medios-bajos), difiere de clínicas como Las Condes, Alemana, Indisa y Santa María, etcétera.
La diferencia que tienen con los hospitales, lo vemos por ejemplo, en la cantidad de personal disponible por paciente,( lo podemos corroborar mediante este estudio http://www.eclac.org/publicaciones/xml/2/19462/sps31_lcl1190_Part5.pdf); el hecho de que no hay que hacer filas por horas para ser atendidos, que siempre hay camillas disponibles y doctores especialistas. En estos lugares la calidad del servicio es mucho más eficiente y mejorado, hasta el punto de hacerte sentir tan cómodo como en un hotel (lo podemos ver en el caso de la Clínica Las Condes donde el servicio para cuando se da a luz es supremo, incluyendo una pieza amplia, una televisión con cable satelital, con una decoración, que te aísla del pensamiento de estar en un centro de salud)
Si bien sabemos que existen personas con el poder adquisitivo como para ingresar al sistema de salud privada, el punto en el que podemos entender a este como un problema psicosocial no está en la capacidad de escoger donde ser atendidos, sino en la capacidad de todos los sujetos para ser atendidos en centros de excelencia.
Según nuestro parecer, la culpa no debiese existir, por parte de quienes tienen el poder para acceder a las clínicas, ni la existencia de las mismas, si no que la mera existencia de privatización de estas instituciones, genera lo problemático, que en el fondo es el acceso a este sólo de la gente que cuenta con un poder adquisitivo que permita invertir en esto. Por ejemplo la existencia del llamado cheque en garantía http://www.bcn.cl/carpeta_temas_profundidad/fin-de-cheque-en-garantia-salud, generaba aún más dificultades en el acceso, dejando aún más relegados a los sectores menos adinerados y que no contaban con cheques.
La existencia de las clínicas, se sustenta en la idea de muchos empresarios (como Sebastián Piñera), quienes invirtieron en un negocio redondo, desde donde sacan suculentas ganancias, ofreciendo servicios de excelencia, y que según nuestra visión, generan “discriminación” por sí misma, ya que afectan el acceso del grueso de la población a una salud, digamos de calidad.
En Chile, desde siempre se ha vivido bajo el sistema de la meritocracia, que regula nuestra entrada a servicios y bienes, donde es marcado el libre acceso de los que tiene más, segregando aún más nuestra población.

